Hija querida:
Si hoy pudiera entregarte estos anillos, lo haría con el corazón lleno de orgullo. Te he visto amar, crecer, caer y levantarte, y sé que el hombre que está a tu lado ha sido parte de ese camino durante muchos años.
Estos anillos no son solo un símbolo de un matrimonio, sino de una historia que ya ha demostrado su fuerza. Cuídenlos como han cuidado su amor: con paciencia, respeto, complicidad y cariño.
Hoy no te entrego a nadie, porque siempre has sido dueña de tu propio destino. Solo te bendigo y te acompaño, como lo he hecho siempre, aunque ahora sea de una manera diferente.
Cuando mires este anillo, recuerda que mi amor va contigo. Estoy orgulloso de la mujer en la que te has convertido y feliz de verte dar este paso.
Sé feliz, hija. Ama mucho, ríe mucho y construye un hogar lleno de amor.
Con todo mi amor, Gimenita.
Papá.